Los Ritos y Costumbres Funerarias del Antiguo Egipto

El arte funerario egipcio está íntimamente relacionado con la religión y la creencia de que la vida continúa después de la muerte, que esta no es más que una fase de la vida. Los objetos e imágenes estéticas relacionadas con esta creencia tienen en parte como objetivo preservar el estatus social para el tránsito de esta vida a la próxima, además de para conmemorar la vida del difunto.

En este contexto, son famosas las momias egipcias, encerradas en uno o varios sarcófagos ricamente decorados y con recipientes destinados a preservar los órganos internos durante el proceso de momificación (vasos canopos), en tumbas excavadas en la roca, tumbas decoradas con policromías y ajuares en función de las posibilidades económicas del difunto.

Los antiguos egipcios crían que el ser humano estaba compuesto de “Ba”, “Ka” y “Akh

El Ba es un concepto cercano a la noción occidental de alma. es la parte de una persona que vivía después de la muerte del cuerpo y creían que permanecía con el cuerpo tras la muerte del individuo. También lo dotaba de personalidad era lo que hace único a un ser humano, algo similar a la noción de «personalidad». El Ba es la parte de una persona que vivía después de la muerte del cuerpo, y que volaría desde la tumba para unirse con el ka en la vida futura.

El Ka era un concepto semejante al de fuerza vital que diferenciaba a una persona viva de otra muerta, muerte que ocurría cuando el ka abandonaba el cuerpo.

El Akh es el cuerpo luminoso o de gloria, vinculado con la «luz», es un concepto netamente funerario ligado a las estrellas, y con ellas, a la resurrección e inmortalidad.

La momificación y la representación artística a través de una escultura o una máscara, eran parte de un ritual necesario para conseguir la inmortalidad de estos tres aspectos de lo humano.

Las pinturas acompañaban eternamente a las almas, y representaban todo lo necesario para la continuidad de los placeres terrenales en el más allá, les proveían de servidores, comida y todo lo necesario para continuar con su vida terrenal en el más allá.

Hacia el 3200 AC se establecen unos códigos estéticos en pintura y bajorrelieve, que no podía ser alterado: Unas convenciones estéticas que se aplicaban en función de la naturaleza del representado, no era igual para reyes o personalidades importantes que para siervos o animales (reales o mitológicos):

El hombre se representa con los dos pies de perfil, ambos izquierdos, como las manos, el rostro también de perfil, pero el ojo se coloca de frente, al igual que el tronco (a excepción de los senos que se alinea de perfil a ambos lados), de perfil se representan las caderas y piernas, una por delante de la otra lo cual permite identificar el sexo de la figura.

Una categoría especial dentro del Antiguo Egipto lo constituyen las costumbres sepulcrales.

Los antiguos egipcios seguían una elaborada serie de rituales de enterramiento que consideraban necesarios para asegurarse la inmortalidad.

Estos rituales incluían la momificación, para preservar lo mejor posible el continente del alma del difunto, así como la pronunciación de hechizos mágicos y la inclusión de objetos que se pensaban serian útiles en la otra vida.

Estas costumbres evolucionaron a lo largo de los años, pero la mayoría de los elementos importantes en el proceso persistieron: la preparación del cuerpo, los rituales mágicos y los objetos depositados en las tumbas eran partes esenciales de un funeral egipcio.

Mantener el cuerpo del individuo intacto tras el fallecimiento era necesario para que el “Ka” o la «fuerza vital» de los egipcios tuviera un sitio donde habitar tras la muerte.

Los enterramientos pocos profundos en la arena caliente del desierto muchas veces servían como momificación; pero cuando los cuerpos se enterraban en tumbas, empezaban a descomponerse rápidamente. Los antiguos egipcios usaban la momificación para impedirlo.

La momificación comenzó a usarse durante el Imperio Antiguo, pero no se desarrolló por completo hasta el Imperio Nuevo.

Continuó practicándose hasta la desaparición de la religión egipcia. Los servicios funerarios eran accesibles para cualquiera que pudiera pagarlos, aunque sólo los miembros de la sociedad más adinerados podían permitirse servicios más elaborados.

La momificación sólo estuvo disponible para los ricos cuando los métodos se simplificaron y se hicieron más rápidos y menos costosos. El tiempo medio empleado para momificar a un rey o reina era de unos 70 días.

Aunque no hay registros que documenten el proceso de momificación exacto, descripciones de Herodoto sobre el embalsamamiento de animales y el examen de las momias encontradas permite a los estudiosos deducir el proceso de momificación más probable.

Después de todo el proceso interno de preparación, la momia se envolvía en una serie de tiras de lino, pegadas al cuerpo con brea o resina. Entre los pliegues se introducían amuletos mágicos para proteger el cuerpo de espíritus malignos y ayudar al alma en su viaje a la otra vida. Todo este proceso se completaba en 70 días, tras lo cual la momia se entregaba a la familia del difunto para su entierro.

Para llevar a cabo dichos rituales, se seguían las directrices del Libro de los Muertos, que consistía en una colección de hechizos diseñados para guiar al difunto en la otra vida.

Tras preparar la momia era necesario que un sacerdote la “reanimara simbólicamente” por medio de un sacerdote que pronunciaba una serie de hechizos para que pudiera hablar y respirar en la otra vida.

A muchas momias se las enterraba junto a algún tipo de «literatura funeraria» (hechizos e instrucciones), para que la llevaran a la otra vida y les sirviera como guía.

La mayoría de esta literatura consistía en una lista de hechizos e instrucciones para navegar hacia la otra vida.

Durante el Antiguo Imperio, sólo el faraón tenía acceso a este material, al que los expertos se refieren como los Textos de las Pirámides, El faraón Unis fué el primero en usar esta colección de hechizos, ya que aparecen grabados en las paredes de su pirámide y en las de algunos de sus sucesores.

En el Imperio Medio los textos aparecían también en sarcófagos de nobles y altos cargos, todos estos textos evolucionarían hasta dar lugar al conocido Libro de los Muertos, en el Imperio nuevo, cualquier egipcio que se lo pudiera permitir, podía disponer de dichos libros.

A medida que las tradiciones funerarias se desarrollaban en el Imperio Antiguo, los ciudadanos más acaudalados eran enterrados en ataúdes de madera, acompañados por una mayor variedad de artículos de lujo.

Al comienzo las figuras de madera se convirtieron en objetos funerarios muy populares. Estas figuras normalmente representaban actividades cotidianas que el fallecido esperaba continuar haciendo en la otra vida.

Además, el ataúd de forma rectangular se convirtió en el estándar, siendo adornado con brillantes pinturas e incluyendo con frecuencia algunas ofrendas.

En el Imperio Nuevo, se popularizó el ataúd de forma antropomórfica y se empezaron a incluir en las tumbas pequeñas estatuas llamadas “Ushebti”, que los egipcios pensaban que trabajarían para ellos en la otra vida.

En los últimos enterramientos, la cantidad estatuas ushebti aumentó; en algunas tumbas se han encontrado más de cuatrocientas estatuas.

Además de los ushebti, se podía añadir a las tumbas muchos tipos de figurillas mágicas para proteger a los muertos de cualquier tipo de daño.

Aunque los tipos de objetos funerarios fueron cambiando a lo largo de la historia del Antiguo Egipto, su función de proteger a los muertos y servirles como sustento en la otra vida permaneció como un propósito común.

El culto a los difuntos y los ritos funerarios han sido inherentes a todas las civilizaciones. Los viajes realizados por aventureros, las  excavaciones en busca de civilizaciones antiguas popularizadas por arqueólogos potentados durante el S. XIX pusieron de moda El Antiguo Egipto, siendo este fuente de inspiración para la literatura.

Para finalizar nos gustaría destacar en este blog  la suma importancia que la civilización egipcia dio al culto a los difuntos y su creencia en la muerte como tránsito hacia un más allá, siendo los primeros en plasmar artísticamente la idea de un juicio final, grupal o individual, en el que el difunto sería juzgado en función de su vida terrenal, idea que sigue viva en la actualidad en diferentes religiones (Hinduismo, Islam, Judaísmo, Cristianismo…). Destacamos también como han llegado a nuestros días algunas costumbres y técnicas de conservación y embalsamamiento de cadáveres en las que se basan las técnicas que se llevan a cabo en la actualidad.

De las 7 Maravillas del Mundo, que tantas veces se han admirado y de las que tantas veces hemos oído hablar, la única que existe y que en la actualidad podemos visitar es precisamente un monumento funerario de la civilización egipcia: La Gran Pirámide de Keops.

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